Libro "Giordano Bruno forastero en el Universo"

miércoles, 2 de julio de 2008



Arder en el mismo fuego


José Gordon

Nos convertimos en aquello que vemos, nos advierten los textos antiguos que vincu-
lan al observador y a lo observado. De ahí que, para bien o para mal, debemos tener
cuidado en dónde ponemos la atención. Los emisarios que tocan a tus puertas, tú
mismo los llamaste y no lo sabes”, nos recuerda el poeta Álvaro Mutis. Si esto es así,
sería muy interesante observar qué convocamos cuando la mirada atiende imágenes
y símbolos que intentan abrir las puertas de lo sagrado.
Hay zonas de la vida que invitan naturalmente a esta percepción.

Sin ir más lejos, atendiendo a lo que ya de por sí miramos, Werner Heisenberg, uno de los pioneros de la física moderna —en donde es tan importante el proceso de observación—, decía que parte del infinito parece estar al alcance de quienes miran el mar. ¿Qué es lo quepasa con quienes miran el fuego y miran a quienes miran el fuego?
¿Se puede arder en ese mismo fuego?
Ésta es la apuesta de Laura Vit quien en su primera novela titulada Giordano Bruno.
Forastero en el universo. decide arder junto con un memorioso que enfrentó el fanatismo y el horror de su tiempo en una búsqueda implacable por el fuego del conocimiento. Todos sabemos que la imagen de Giordano Bruno se identifica fatalmente con la hoguera y la intolerancia, pero Laura no cae en el lugar común de explorar el drama de sus días finales, en donde han enfocado la atención otros libros y una película reciente. A Laura le interesa el fuego que permea la búsqueda de Giordano en su largo viaje como forastero de la existenc i a ,un viaje en donde nos invita a ser cómplices de una percepción, cómplices del drama de un trayecto que intenta descifrar los misterios de la naturaleza, fundirse con aquello que mira.

Así, Laura se adentra en los ojos de Giordano y observa desde ahí, esos días en
donde el cielo estaba surcado por la pre s e ncia de un cometa.
Dice Gi o rd a n o - L a u r a :


En el cielo brilla un nuevo cometa al que culpan de lo que sucede. En cuanto cae el sol salgo a buscarlo. Verlo allá, ardiendo solitario, me produce una inmensa nostalgia.
Quizá porque me siento igual a él, los dos ardiendo en un mismo fuego.
Me pregunto si volviera a pasar frente a nosotros¿quién estará para verlo?
Saberlo fugaz aviva mi semejanza con él.


Quién estará para verlo? Creo que por la magia de las imágenes que se encienden
mediante las palabras de una novela, somos nosotros, los lectores los que volvemos
a atestiguar esa estampa. Lo que Laura intenta es que, al mismo tiempo, veamos
ese fuego en el interior de la percepción de Giordano. Escribe nuestra autora:

Habitado por el resplandor, mis sentidos se agudizan y adivino la cercanía de aquello que anhelo alcanzar. En un estallido todo desaparece. La luz me presta alas. Mi cuerpo pierde su materia.
La naturaleza de esta experiencia es tal que Giordano arde pero no se consume.
Ese fuego de la mirada que se integra con lo que ve aparecer a lo largo de su vida, lo sitia incluso en los sueños, como vemos en otro hermoso pasaje de esta novela:


Desde muy lejos veía venir, con su paso de reptil, una gigantesca salamandra.
Se detenía a sus pies. De cada una de las manchas del animal brotaba a una llama. Cuando el fuego lo alcanzaba, encendido, subía hasta perderse en las alturas.



Es precisamente en la exploración de esta mirada en donde radica, desde mi punto
de vista, el reto de esta obra. Por supuesto hay un notable trabajo de investigación, de lectura de textos históricos, de reconstrucción escenográfica de un mundo, pero eso no sería suficiente para descubrir lo que sólo puede re velar la literatura. La escritora tiene que arriesgarse a imaginar lo que se quedó en los huecos de los testimonios documentales, adentrarse en la percepción y el sueño del otro y decir, como alguna vez dijo Flaubert, Madame Bovary, cestmoi.

En este caso se trata de atreverse a decir Giordano Bruno soy yo, y adentrarse en la mente de un hombre que a su vez se internaba en la magia, en la búsqueda de procedimientos para unir la imaginación y la memoria con las fuerzas invisibles de la naturaleza. Se trata de ver desde la mirada de un personaje que deseaba despertar realidades ocultas, conocer “habitantes del aire cuyo cuerpo transparente nos impide verlos” .


LAS RUEDAS DE LA MEMORIA


La búsqueda de Giordano por recuperar la memoria de la unidad de la naturaleza se
enfrentaba a los dogmas de su tiempo, a una iglesia en donde
no encontraba a Dios .

“Tanta piedra y tan poco Dios” dijo al conocer Roma.


La riqueza del clero era insultante. Ello le hace huir de su iglesia pero no de su re-
ligión, no de la búsqueda de Dios. En esa exploración vemos un espíritu entregado
por completo a la aventura del conocimiento sin abdicar las últimas preguntas y
los deseos de arder en el Absoluto:
No puedo devolver a los libros lo que he
aprendido, negar lo que mis ojos han visto,lo que mi entendimiento ha captado. No será el miedo lo que me detenga. Aunque también sé que debo ser cauteloso.


Giordano sabía bien el drama que enfrentaba, la intolerancia que lo rodeaba.
Los ojos y los oídos de la Inquisición estaban constantemente al acecho de un hom-
bre que proclamaba que a Dios sólo se le puede alcanzar si uno se hace igual a Él.

De otra manera jamás se podrá comprender lo que es Dios. Decía Giordano:

Toda cosa sólo es inteligible para otra similar a ella. Elévate hasta alcanzar una grandeza por encima de toda medida, libérate de tu cuerpo con un brinco, pasa por encima de todo tiempo, hazte eternidad y entonces comprenderás a Dios.


Para lograr esta transformación Giordano nos habla del teatro de la memoria,
de la necesidad de “recordar no sólo el lenguaje de la naturaleza sino el del alma, que es el mismo del universo”. Este lenguaje,nos dice Giordano “no se expresa con alfabeto alguno, lo hace con imágenes, con signos y símbolos que llevamos grabados
en la memoria”.
¿Cómo recuperar este lenguaje? Giordano se adentró en sus sueños, en el estu-
dio de la cábala, en el arte de la memoria de Raymundo Luli o. Laura nos deja ver un
proceso de ruedas combinatorias que permitían recordarlo todo mediante símbo-
los enigmáticos:

En el revés de cada rueda habrá imágenes,que por insólitas harán que las palabras formadas al hacerlas girar sean fáciles de recordar. Dio vuelta a la primera, la combinó con la segunda, con la tercera, así hasta la quinta, el movimiento dio vida a un adolescente con un pájaro verde prendido del brazo que observaba a una mujer quien, montada en un toro, se peinaba los cabellos sosteniendo un espejo en la mano izquierda .


El secreto de la memoria está ligado al de la poesía: “Nada puede entrar en la me-
moria si no pasa por las puertas de la imaginación, si no se transforma en imagen y la imagen, a su vez, se tiñe de emotividad.”

—nos dice Giordano. “Es menester a abrir
los ojos mediante imágenes”.
Este viaje de la percepción acompaña su periplo por toda Europa, en los diferentes
caminos y rutas que transita. Hay una correspondencia entre paisaje interno y ex-
t e r n o. Los caminos son como libros, le descubren la lengua de los dioses, la caligrafía de la naturaleza. Esta correspondencia se puede ver con claridad en el siguiente pasaje del libro de Laura Vit, en uno de los tantos recorridos de este forastero abierto siempre a lo que le traía el destino:


El valle nevado apareció a sus pies. El tiempo dejó de sisear, el silencio bajaba del cielo. La quietud acalló sus pensamientos. El desierto blanco se alojó en su cabeza.
No sabía si lo que veía estaba dentro o fuera de él. Su mirada abarcaba la tierra entera.

Esta correspondencia entre el pensamiento y lo que se mira aparece constante-
mente en la novela. En una estampa memorable del encuentro que sostuvo en
Inglaterra con John Dee hablan del efecto mágico de la atención:


"Trazar un mapa es una manera de soñar, de habitar lugares impensados.
El compás se transforma en instrumento mágico. Varias veces sucedió que después de delinear un litoral, al poco tiempo, me encontraba desembarcando en aquellas playas dibujadas por mí."

En esa errancia en los contactos casuales con amigos memoriosos, en los en-
cuentros sensuales con la belleza de la mujer, en la escritura de sus libros, en el olor de la imprenta, en las tardes irrepetibles que vive Giordano entiende que
no hay jerarquía en el cielo, ni el sol y la tierra tienen privilegios sobre los demás cuerpos celestes del infinito Universo, como tampoco hay diferencias entre el mundo sublunar y el supralunar. La última esfera de estrellas fijas es una ilusión. Para comprender esto he andado como forastero en el Universo.


LA TO R R E D E LO S H O R Ó S C O P O S

Uno de los momentos iniciáticos, de ascensión a este entendimiento, es descrito
por Laura cuando la madre del rey de Francia invita a Giordano a conocer en
París un lugar secreto y misterioso, la torre de los horóscopos. Nuevamente estamos
ante una imagen extraña y deslumbrante, nuevamente aparecen la luz y el fuego:
Desde el mirador en lo alto de la torre , Gi o rdano observó la ciudad en sombras. A
la izquierda, el palacio del Louvre. Más allá, la isla ceñida por los brazos del río.
Sobre la isla, la iglesia deNuestra Señora con sus costillas de piedra y su gigantesca grupa, igual a la de una esfinge. Volvió la mirada al firmamento. Miríadas de estrellas, casi al alcance de su mano, parecían observarlo. Su corazón latió enloquecido. Deseó remontarse a ese cielo luminoso, descifrar el misterio del u n i verso infinito, comprender.
La luz de los astros aumentó hasta enceguecerlo.

El fulgor lo envolvió. La luz lo penetró y él explotó, elevándose a las alturas. Le parecía ir en la proa de un barco surcando un mar de oscura luminosidad (...) mientras bogaba en el seno etéreo, veía cielos de materia y naturaleza diferentes. Distinguió la fuente de la harmonía. Entró y fue parte de ella. Una segunda explosión lo disolvió en el éter.
Primero sintió sus manos dolorosamente aferradas a la baranda. Abrió los ojos.
La luz del amanecer encendía los techos de la ciudad. Se asió con fuerzas al ver que los tejados giraban vertiginosamente alrededor de la torre. “Has estado en el lugar de los bienaventurados. Este es el lugar donde el alma se ve a sí misma, sola en sí misma y consigo misma. El lugar del reposo”, dijo una voz. Después de varios intentos logró ponerse de pie. Aún deslumbrado inició el descenso. Uno fue el que subió. Otro el que bajó. La transmutación estaba hecha.

Sin embargo, con toda esta visión no se puede evitar un drama arquetípico: los lí-
mites de la ignorancia, la envidia y la mirada tratan de reducir la vida a la estrechez de lo que pueden apre c i a r. No existe la magia. El mago hereje no puede salvarse a sí mismo. Asesinar a un hombre de conocimiento es comprobar la inexistencia de Dios ya que no lo salva de morir. Incluso en nombre de Dios se condena al que afirma su existencia concreta. Se enfrentan dos hogueras: una la del conocimiento que anuncia un amigo de Giordano cuando el filósofo renacentista imprime el libro "Los signos de los tiempos: “Esa será la chispa de una gran hoguera” de sabiduría. La otra es la hoguera de la intolerancia y el fanatismo,el fuego en el que muere Giordano.
Laura atestigua con dolor esos momentos pero no se detiene ahí. Su libro, a
pesar de los pesares, ha marcado la existencia de otro tipo de fuego. Me recuerda una imagen que nos brindó el escritor Juan Goytisolo sobre la visión de un místico sufí quien, sin negar la existencia del infierno, encuentra una salida extraordinaria
que le parece muy hermosa:


De la misma manera que hay seres terrestres que viven sobre la tierra como los animales y como los seres humanos, al igual que hay seres acuáticos que viven en el agua como los peces y de la misma forma que existen seres aéreos que viven en el aire como los pájaros, hay también seres ígneos que viven en el fuego la perpetua felicidad. Es decir, sacarlos del fuego sería para ellos un sufrimiento horrible. Entonces admite el infierno, pero los que en el más allá serán seres ígneos, viven la felicidad en el fuego, no sufren.


Compartimos el deseo de Goytisolo. Es en ese fuego del conocimiento desde
donde hoy vemos junto con Laura Vit a Giordano Bruno, atisbamos la grandeza
literal de su memoria que sobrevive los límites del tiempo y de la insensatez.
Volvamos así a la imagen del principio de esta reflexión. Nos convertimos en
aquello que vemos. Ante nuestros ojos tenemos a una memoriosa en el siglo XXI
que observa a otro memorioso del siglo XVI.
Se interna en su conciencia bajo el escudo de la imaginación, bajo el escudo de una novela. Cabe señalar que esta era la misma táctica que utilizaba Mircea Eliade, el investigador de las religiones comparadas, cuando quería arriesgar su percepción de lo sagrado.
No cabía en un ensayo. Nadie le creería. Cabía en la novela y, sin embargo, ahí estaba la verdad de lo que veía y de lo que soñaba. Este es el caso de Laura Vit. Al contarnos los sueños de Giordano nos ha contado sus propios sueños. Giordano sueña con Dante Alighieri. Laura sueña que Giordano sueña con Dante y sueña que Giordano sueña con un silencio que sólo existe en los sueños, y que eso lo pensó dentro del mismo sueño. En esas imágenes, en las estampas cuidadosamente edificadas en esta novela, atisbamos la belleza infinita del teatro de la memoria.




1 comentarios:

Cabalayka 2 de julio de 2008, 13:16  

Hola Cileah: La persona que sabe...puede observar lo que nadie ve..."El azar, como bien dijo Pasteur, solo favorece a las mentes preparadas".La vida nos ofrece oportunidades para observar. Se trata de cultivar una actitud de asombro frente al milagro de la naturaleza.Las fuentes para obserrvar son infinitas...¿no crees?

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Los 3 poderes

"...Amor, Memoria, Mathesis. Estos tres. Y el más grande de todos es el Amor. Por medio de la Mathesis, reducir la infinidad a categorías naturales de sentido y de orden, y crear sellos que son las almas secretas de sus complejidades. Por medio de la Memoria albergar en nuestro interior esos sellos y abrirlos a voluntad, recorrer el mundo de nuestro interior en cualquier dirección, combinar y volver a combinar la materia que la constituye y hacer con ella cosas nuevas nunca vistas hasta entonces. Y por medio del Amor, dirigir el alma hacia los mundos conquistándolos al tiempo que nos sometemos a ellos, ahogarse en la infinitud sin ahogarse:
el Amor necio y astuto, el Amor paciente y obstinado, el Amor dulce y fiero."

Giordano Bruno.

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